VIABILIDAD ECONÓMICA EN FÁBRICAS RECUPERADAS

Dividir las ganancias de una fábrica en partes iguales entre todos los que en ella trabajan, en un país al que se le diagnostica permanentemente desigualdad extrema en la repartición del ingreso, es lo que muchos llamaríamos cortar por lo sano. Por eso, que así se hayan organizado muchas de las cooperativas argentinas que salvaron puestos de trabajo condenados por la quiebra o el vaciamiento de empresas, en un contexto de desempleo agudo, es doblemente esperanzador. Más allá de la fascinación que despierta toda reacción con tanto aire de gesta, brillando como una rareza en medio de la oscuridad del capitalismo salvaje, es hora de animarse a racionalizar la cuestión e ir descubriendo en definitiva si estas experiencias pueden justificar plenamente su nombre de “Fábricas/Empresas Recuperadas”. ¿Cuáles son las posibilidades de que este fenómeno perdure allí donde se instaló? ¿Puede ser una solución definitiva al drama de la inestabilidad y la precariedad laboral que lo motiva? ¿Está su devenir librado a la improvisación o se ve contenido por cierta planificación estratégica? ¿Pueden estas unidades económicas abastecer al mercado como el resto? ¿Contienen elementos distintivos que les permitan esquivar el fatídico destino de sus predecesoras? ¿Pueden sobrepasar una función meramente defensiva? ¿Su crecimiento posee límites inherentes al modelo? ¿Cómo repercute en ellas la salida del país de la recesión? ¿La diseminación del fenómeno puede considerarse cerrada en este nuevo contexto? Las respuestas a estas preguntas surgieron a lo largo de una investigación que se inició como exploratoria y luego se tornó descriptiva para inducirnos al objetivo finalmente asumido: generar hipótesis acerca de la viabilidad económica en las fábricas recuperadas en general a partir de los resultados concretos de un análisis de caso. Lo que esta en juego es la posibilidad de nutrir al discurso contra el modelo neoliberal vigente de un sustento material que lo constituya en una verdadera semilla contra-hegemónica.

Para ello, la cooperativa MVH fue elegida al azar entre otras que presentaban las características básicas -de continuidad laboral bajo equidad distributiva- arriba mencionadas. Las cifras y las frases citadas en el presente trabajo se obtuvieron de entrevistas exclusivas a tal fin, apoyadas por la escasa e imprescindible bibliografía sobre el tema. Por el lado de la cooperativa propiamente, los cuestionarios aludidos incluyeron a su presidente y ex-delegado sindical interno, Mario Ponce, y al contador José Dibernardo en marzo de 2003 como punto de partida. El turno del gerente comercial, Adalberto Carrera, llegó en octubre de 2004 como cierre de la recolección de datos. De camino al año y medio extendido que hay entre esas dos fechas, en septiembre de 2003, una nota con el presidente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores, Dr. Luis Caro, enriqueció el texto. Sin duda, este carácter diacrónico de la investigación posibilitó ir confirmando o desechando a cada instancia lo percibido y lo previsto anteriormente, permitiendo una comprensión de la dinámica real del fenómeno en tanto proceso, que muy difícilmente se hubiese logrado mediante un estudio sincrónico.

A continuación, y tras una breve reseña sobre las particularidades del caso estudiado, nos embarcaremos en un planteo progresivo en intensidad. De los prejuicios más arcaicos a la realidad innegable del fortalecimiento capitalista en la reactivación argentina, enfrentaremos los diferentes niveles de argumentación contra las posibilidades de éxito de la gestión obrera. Atendiendo a los elementos en común con las otras empresas del MNFRT, comenzaremos comprobando humildemente el funcionamiento efectivo de MVH como fábrica, para revelar en las secciones segunda y tercera las diferencias ventajosas que la definen como recuperada resultando en su solidez económica actual e incluso en una alta competitividad que anticipa prosperidad.

La Historia

La planta en cuestión está destinada al corte, plegado y estampado de chapa. Finalizando el año 2001 Metalúrgica Vicente Hermanos, nombre de la empresa cuando pertenecía a un dueño capitalista, adeudaba a sus obreros seis meses de salarios, tres aguinaldos y lo correspondiente a vacaciones. En ese contexto las suspensiones al personal se tornaron constantes y todo lo que estos trabajadores recibieron fueron veinte Lecops en diciembre y otros cincuenta en enero. Para ese entonces la empresa, acosada por sus deudas, ya se encontraba prácticamente parada. El 4 de marzo de 2002, en una audiencia de conciliación en el Ministerio de Trabajo el empleador expresó que no tenía forma de pagar los salarios atrasados, y describió a la empresa en un estado de precariedad tal que les termino proponiendo a los trabajadores hacerse cargo de la misma. Aunque el dueño tenía en mente un gerenciamiento por parte del sindicato el camino de sus ex empleados fue otro. Uno de ellos trajo ante sus compañeros la anécdota de Los Constituyentes, una planta de 25 000 metros cuadrados ubicada como ellos en Villa Martelli que ya había sido recuperada. Indagando acerca del proceso que lo había hecho posible tomaron contacto con el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores (MNFRT) y su presidente, el Dr. Luis Caro donde encontraron orientación legal y técnica. El 22 de marzo de 2002 se formó la cooperativa de trabajo MVH. A partir de entonces, y tal como lo indican las reglas básicas del MNFRT, los retiros (ganancias) de todos los que la integran son idénticos como también es idéntico el peso de cada uno de ellos en el rumbo de la fábrica ya que esta sigue únicamente lo que se decide en asamblea. La ley de expropiación que les permite operar señala la donación de las maquinarias y el inmueble a título oneroso, lo que significa que disponen de un plazo determinado para pagar estos bienes a menos que les renueven ese período de gracia.

I. Las Premisas

La primera observación surgida simplemente de visitar MVH a un año de su nacimiento es que se trata de una perfecta fábrica en el sentido de que existe y produce como tal. La definición esencial del taller fabril indica que su función es producir en cantidad algo útil para un sector de la sociedad que lo consume. Con cumplir estos requisitos ya tenemos una fábrica. Eso es exactamente lo que ocurre en esta planta de Villa Martelli. En toda recorrida por el lugar uno nunca deja de ver u oír maquinas funcionando: soldadora de punto, balancines, guillotinas, prensas. Productos terminados también están a la vista: bases de motocompresor (donde va el motor de las heladeras), bisagras de heladera, frentes de calefón, bases de termo-tanque, entre otros.

La pregunta sería como puede darse esto sin un dueño que diga lo que debe hacerse y que disponga del dinero para los insumos, servicios y demás tal cual lo señala necesario el “sentido común” capitalista. Sin duda, no es obra de la espontaneidad ya que, antes de convertirse en socios, los trabajadores de esta metalúrgica se encontraban tan engañados por los supuestos del capitalismo vulgar como el resto de sus conciudadanos. En efecto, y aunque surgida como reacción a una crisis desesperante, la cooperativa MVH, cuyo objetivo primero fue salvar los puestos de trabajo, lejos de la improvisación, sigue un modelo lógico-racional impulsado desde el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores.

Precisamente de la entrevista al Dr. Caro surge la explicación de las condiciones que asemejan a una fábrica recuperada con una de gestión capitalista en tanto elementos necesarios para el funcionamiento de toda unidad económica. Las separaremos en dos dimensiones: la que engloba a las tareas propiamente productivas y la financiera.

En cuanto a la organización del trabajo, la fase exploratoria de la investigación permitió percibir enseguida el prejuicio hegemónico contra la posibilidad misma de lograr su correcto desarrollo por medio de la gestión obrera. En el libro de Esteban Magnani “El Cambio Silencioso”, acerca de las empresas y fábricas recuperadas, diversas entrevistas a empresarios en conflicto con las mismas revelan un discurso que mezcla su evidente estrategia personal por quedarse con las industrias con ignorancia lisa y llana. Luiggi Zanón, fundador de la enorme ceramista que lleva su apellido, opina sobre la administración obrera: “ellos no pueden hacerlo [el producto] con los trabajadores que tienen” (Pág. 158). “No pueden hacerlo sin una cabeza, sin técnicos no pueden producir calidad de exportación, no pueden hacer productos para el mercado local…Puede que hagan cosas baratas y las trafiquen…” (Pág. 159). Estas palabras se asemejan a las de Pedro Ragone, quien compró La Vasquita, una empresa Láctea quebrada en la localidad de Marcos Paz, al irrisorio precio de $ 40 000 en el tercer remate -el que se realiza sin precio base- luego de que sospechosamente no hubiesen ofertas en los dos remates anteriores, cuando su valor fiscal era de $ 700 000. El argumento que consideró más contundente para “invertir” en el negocio, dificultando las chances de expropiación, fue: “… te aseguro que va a ser [la fábrica] más fuente de trabajo dejándosela a uno que dejándolo a seis personas sin capital”. “Acá no es cuestión de producir, hay que saber producir, hay que saber vender y estamos en un momento bastante difícil…y ésta [la fábrica], si se fundió, es porque no es tan fácil manejarla” (Pág.113). Pero no solo empresarios comparten el prejuicio. Al consultar en el ámbito más cercano, con alumnos universitarios de diferentes carreras de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, incentivados ante todo para el uso de la razón, la enorme mayoría se mostró intuitivamente pesimista ante la posibilidad de producción efectiva de una fábrica recuperada. A continuación intentaremos demostrar cuál es el valor real de estas estimaciones.

Como todo modelo lógico-racional el del MNFRT se basa en axiomas o recursos básicos, pero muy importantes, con los que cuenta un grupo de trabajadores al momento de hacerse cargo de la empresa que antes los empleaba. Es al final de esta última frase que debemos prestar atención ante todo. Aquí estamos hablando de fábricas recuperadas y no de micro-emprendimientos en abstracto como a menudo alienta cualquier gobierno u ONG sin lograr demasiado. En los casos que nos interesan las personas que producen algo son las mismas que lo hacían anteriormente, tienen experiencia con las mismas máquinas que deben usar ahora, muchos han estado en esos lugares durante muchos años. Todo lo que han aprendido en ese tiempo sigue en ellos para utilizarlo hoy e incluso para mejorar la producción ahora que el fruto de su trabajo les pertenece.

Vale aclarar de paso por qué el fenómeno cuenta con este activo laboral. Un proceso de recuperación se inicia con el posible o efectivo cierre de un lugar de trabajo, hecho muy traumático que deja al personal con muy distintas opciones según el lugar jerárquico ocupado en el organigrama de la fallida. Por eso todas las cooperativas están compuestas muy mayoritariamente -cuando no exclusivamente- por trabajadores de planta en detrimento de gerentes y administrativos. Ahora bien ¿cuál es la parte imprescindible de una unidad económica para que esta cumpla con su función de producir algo que proveer al mercado? Evidentemente sus obreros. Por eso la medida de fuerza más efectiva para cualquier gremio es la huelga; la producción se para inmediatamente, no hay forma de continuarla sin ellos.

Para el MFRT la capacidad obrera es una premisa tan importante que de hecho las fábricas allí nucleadas no aceptan ningún tipo de gerenciamiento externo. Circunstancialmente, en caso de necesitar asesoramiento específico en algún área el Movimiento cuenta con un Grupo de Apoyo Técnico igualmente sometido a las decisiones de asamblea de cada cooperativa. Esto refuerza cierta horizontalidad que más adelante demostraremos muy ventajosa para las ganancias de la empresa.

Los datos de MVH ejemplifican la veracidad del saber obrero. Sus índices de calidad muestran que la devolución de piezas entregadas a sus clientes es menor al 1 %. Su productividad, asegura el gerente comercial Adalberto Carrera, quien antes se encargaba de controlar métodos y tiempos, es la misma hoy que durante el auge de la gestión anterior. En fin, en lo que hace a la capacidad de los trabajadores para llevar adelante correctamente la tarea productiva, encontramos a los prejuicios y la razón en una batalla por el sentido común.

Los recursos financieros, foco de dudas más pertinentes, también están contemplados en la planificación del MNFRT. Por qué somos más cuidadosos con este disparador. En primer lugar, la reacción netamente defensiva que representa el surgimiento de una cooperativa como MVH haría entendible su creación más allá de la posibilidad de producir constantemente o de sostener esa producción a mediano plazo. En efecto, como venimos describiendo, estas son situaciones en un principio desesperantes por que nacen de la puesta en riesgo del medio de subsistencia de un grupo de personas. Y hablamos en términos tan básicos como el de subsistencia por tener en cuenta el contexto más amplio en el que se desarrollan estos acontecimientos. A principios del 2002 cuando se inició esta cooperativa, el índice de desocupación en la Argentina era 21.5 % y el de subocupación era 18,6 %, y no habían dejado de aumentar básicamente desde el comienzo de la recesión económica del país en 1998. Las perspectivas a futuro tampoco eran alentadoras al respecto por lo que al quedarse sin trabajo todo trabajador sabía lo extremadamente difícil que sería conseguir otro. Fuera de ese mercado tan hostil la única alternativa eran los muy insuficientes 150 Lecops mensuales que el Estado destinaba como asistencia a las familias desempleadas. Solo la existencia de un cuadro tan desesperante explica la movilización de cada uno de los actores de este proceso en un sentido diferente a todo lo establecido. Trabajadores argentinos, tradicionalmente indiferentes a la ideología socialista, dispuestos a hacerse cargo de fábricas fundidas, a conformar asambleas y a dividir sus ganancias en partes iguales. Jueces, garantes del sistema, dispuestos repentinamente a posponer remates, equiparando los derechos del trabajo con los del capital. Cámaras legislativas y gobiernos modificando las leyes que desconflictuasen las recuperaciones, votando y efectivizando expropiaciones. La gravedad de la situación hizo coincidir a todos en la necesidad de darle una chance a algo que de dilatar la caída en la marginalidad de más personas ya justificaría su puesta en marcha.

¿Y luego qué? Muchos no lo sabíamos. La fascinación por lo que estábamos viendo nos hacía olvidar un poco el miedo por lo que vendría. Tal vez un tironeo con el Estado por aportes de capital. Resignar encanto a cambio de más tiempo de vida. Ya nos advierte Karl Korsch a lo largo de “Qué es la Socialización” sobre las perdidas que implica la participación del Estado, aún si se tratase de uno socialista -no era este el caso-, en una empresa obrera, tanto en la libertad de las decisiones de producción como en el manejo de los ingresos. En todo caso a nadie le hubiese extrañado que problemas más sofisticados como el de la financiación sostenida de los proyectos se tratasen más adelante cuando, como al drama de la subsistencia inmediata en esta instancia, ya no se los pudiese esquivar.

En segundo lugar, a diferencia de la organización del trabajo, aportada por la experiencia de los trabajadores desde el carácter mismo de recuperada que tiene la fábrica, la disponibilidad de dinero previa al funcionamiento de una empresa sí es propia de la gestión capitalista. Cuestiones tales como cubrir gastos y mantener las máquinas resultan imprescindibles para sostener en el tiempo la producción masiva de cualquier producto. Teóricamente en sociedades capitalistas como la nuestra estos ítems requieren de un elemento distinto al trabajo que es un propietario que disponga de un excedente de dinero permitiéndole invertir en ellos mientras espera sus frutos. Ahora bien ¿cómo desarrollar esa misma función cuando ese tipo de propietario ya no está?

Pues bien, la estrategia del MNFRT es integral. Como MVH, el resto de las plantas básicamente se autofinancian con su facturación. Luego de pagar gastos corrientes, esta se divide en porcentajes de 50 y 50. Una mitad se retira distribuida en partes iguales entre todos los miembros de la cooperativa y la otra se capitaliza. Esta última parte es muy importante ya que permitirá hacer frente a gastos excepcionales o a inversión en maquinarias. Pero en este modelo dicho capital en formación tiene como primer objetivo crecer hasta igualar el costo de los bienes expropiados. De esta manera, en caso de alguna modificación legal o simplemente si a una recuperada no le renuevan la cesión de los bienes, los trabajadores tienen la tranquilidad de poder comprarlos. Una meta semejante, además de compensar las arcas públicas estimulando al Estado a pagar más expropiaciones en el futuro, disciplina a sus integrantes en el desarrollo de un manejo que tiende a la autosuficiencia de los talleres. Nos explica el Dr. Caro: “Nos apoyamos en una economía básica, de subsistencia, si no ingresó dinero no se reparte nada; y de ahí tenemos que salir, si no salimos es que la fábrica no funciona”. Por supuesto, en otro contexto muchos obreros tomarían como un rigor inaceptable la auto-limitación de las ganancias por la escasez que suele representar hasta que la fábrica funciona a pleno. En la Argentina casi apocalíptica en cambio, los salarios ya son magros y se ven reducidos constantemente en el camino hacia las quiebras, cuando no se vuelven la deuda que a los dueños menos les interesa pagar. En las luchas por la recuperación de las fábricas, mientras estas se encuentran paradas y sus trabajadores pasan prácticamente a vivir en ellas para evitar el cierre, remate, o vaciamiento, la alimentación muchas veces depende de una olla popular. Para los protagonistas de este esfuerzo entonces, es mejor cobrar poco y seguro esperando que las cosas mejoren a tener un salario previsto pero de hecho inexistente.

Desde ya, los inconvenientes son menos cuanto más hay para repartir. Por eso otro punto fuerte en el plan del MNFRT es que sus plantas no pueden ceder la comercialización de los productos. Allí puede irse un 70 % de la ganancia de una empresa por lo que siempre son las mismas fábricas las que colocan su producción.

La falta de materia prima en el comienzo de las actividades se soluciona solicitando a la parte interesada en comprar un producto que aporte los elementos primarios para la elaboración del mismo. Así algunos clientes importantes de MVH aceptaron comprar a fazón, como se denomina a esta forma de operar. Talsar (propietaria de la firma de termo-tanques Señorial) y Mabe Argentina (General Electric + Patrick) son buenos ejemplos de ello. Aunque en este punto la planta actúa solo como prestadora de servicios, este carácter es solo transitorio y aunque implique una menor facturación, esta se va dividiendo en las proporciones antes explicadas para ir formando un capital que permita comprar los materiales.

Para facilitar la reapertura de plantas que estuvieron un tiempo mayor cerradas y que por lo tanto requieren de más dinero para ponerse en marcha, a medida que el MFRT crece en cantidad de fábricas y en el grado de desarrollo de las mismas, se va conformando un Fondo de Apoyo Solidario con el aporte de las de estas para otorgar créditos sin interés y sin vencimiento fijo a las nuevas que así lo requieran.

Hemos explicado las fuentes de recursos financieros de las estas empresas. Sumadas a los recursos humanos recuperados según vimos en la primera parte de esta sección, proponemos se considere a las fábricas recuperadas poseedoras de los mismos elementos esenciales de funcionamiento que cualquier otra planta.

Pero si en estos párrafos no hemos hecho más que remarcar similitudes funcionales entre las condiciones de la gestión obrera y las de la gestión ordinaria, no podemos olvidar que estos novedosos procesos se dan precisamente por el fracaso de unidades económicas capitalistas, poseedoras alguna vez de las estructuras que ahora intenta imitar la planificación descripta. ¿Poner en marcha una fábrica recuperada no es entonces solo dilatar un final inevitable? En otras palabras ¿por qué podrían soportar estas lo que sus predecesoras no pudieron?

II. La Solidez

Este modelo de gestión obrera representa diferencias estructurales que hicieron de MVH una empresa económicamente más sólida posibilitando a la vez su expansión. En efecto, esta sección estará dedicada a demostrar que realizar una expropiación a favor de una cooperativa que sigue el modelo que nos ocupa no es “patear la pelota hacia delante”.

Vayamos a los indicadores concretos. En MVH la capitalización constante permitió la eliminación de los elementos de vulnerabilidad típicos del nacimiento de una fábrica recuperada. En primer lugar no se trabaja más a fazón. Tal como anticipamos esta medida es temporal. Hoy en día la metalúrgica de Villa Martelli compra su propia materia prima y saca unaganancia mucho mayor de la venta del producto.

En segundo lugar, se ha capitalizado suficientemente como para apropiarse de la unidad económica, es decir reforzar su situación jurídica y su continuidad. Su expropiación vence en enero de 2005 y planean renovarla en el marco de una estrategia de inversión, pero de ser necesario o ante el hipotético surgimiento de cualquier complicación la empresa se sabe capaz de comprarse a sí misma.

Por último, una vez alcanzada esa instancia de solvencia económica, todo capital excedente representa capacidad de inversión en un contexto expansivo o un fondo anticíclico ante una posible situación desfavorable.

Esta disponibilidad de recursos necesaria para la regularización económica de la fábrica se vio facilitada por distintos elementos que definen y diferencian la gestión recuperada de la capitalista. Enumerémoslos.

1. Menores costos fijos. Por un lado se dan por la ausencia de asalariados en tanto todos los que trabajan en la cooperativa son socios. Por esa condición los retiros que efectúan son variables en base al 50% de las ganancias exclusivamente. Así como el dueño de cualquier empresa no calcula su ganancia entre los costos fijos, estos trabajadores-socios tampoco lo hacen con los propios retornos. Pero es la ausencia de jerarquías salariales lo que le quita el mayor lastre a una fábrica recuperada. En la Argentina los sueldos gerenciales se llevan más de la mitad de los recursos destinados al pago de sueldos.

Por otro lado se dan menores costos impositivos. Por tratarse de entidades sin fines de lucro, es decir que en su lugar tienen un fin social que es el de crear y preservar fuentes de empleo, las cooperativas de trabajo no pagan impuesto a las ganancias ni el impuesto a los ingresos brutos.

2. Mayor disciplina financiera a partir de la gestión participativa. En efecto,MVH no acumula ninguna deuda hasta la fecha. Su presidente Mario Ponce sintetiza hasta que punto es un principio de supervivencia para ellos: “Comeremos pan y agua pero sacamos el aprendizaje de la empresa anterior.” Como todas las agrupadas en el Movimiento esta planta no acepta créditos ni realiza gastos que no sean inmediatamente productivos. Expliquemos este punto. En una empresa ordinaria existen unas pocas personas que toman las decisiones de gastos de inversión, en base a cálculos a futuro que desprenden de información manejada únicamente por ellos y que se ocupan de ocultar celosamente del resto del personal. El problema es que como son también ellos quienes deciden que parte de la empresa achicar en caso de que el plan falle, en busca de mayores ganancias estos personajes pueden verse desinhibidos para tomar altos riesgos en sus inversiones. En cambio, cuando la información es absolutamente compartida por todos y además estos son parte interesada como en el caso de las recuperadas, la tendencia es a no apostar. La consigna sería ir a ritmo más lento pero constante, seguro, siempre en el mismo sentido de crecimiento. Este conservadurismo de acepción positiva es característico de la gestión compartida de recursos a cualquier nivel (Cf.: normalización de las cuentas de la prefectura de Porto Alegre en Brasil desde la implementación del presupuesto participativo).

3. Toda unidad económica no orientada funcionalmente hacia el excedente del propietario capitalista posee mayor tolerancia a situaciones de ingreso limitado. La razón directa por la cual una empresa ordinaria continúa en actividad es que esta representa una ganancia para su dueño. Para ello debe haber una facturación x que le deje un plus luego de pagar todos los costos que implica su mantenimiento. Cuando esa facturación x desciende al punto que ya solo alcanza para afrontar los costos de su mantenimiento pero no para dejar el plus en cuestión, o simplemente deja un sobrante que no alcanza a cubrir las expectativas del propietario, este seguramente cancelará el emprendimiento. Por el contrario las fábricas recuperadas están orientadas a salvaguardar los puestos de trabajo, es decir que funcionan para mantener a sus trabajadores. Parte importante de lo que otrora se consideraban costos fijos, los empleados cobraron vida para convertirse en los socios que son hoy en día y con la fábrica funcionando para ellos el incentivo para mantenerla en pie es mucho más accesible.

Esta enumeración de diferencias entre la gestión recuperada de este tipo y la administración ordinaria nos lleva a postular la hipótesis de que, una vez asentado el proceso, la primera tiende a generar unidades económicas más sólidas que la segunda. De corroborarse, este sería un argumento notablemente poderoso a favor de una legislación que facilite la transformación de negocios truncos en cooperativas de trabajo. Se generaría así una industria más resistente a las crisis puesto que cada por cada empresa quebrada surgiría una empresa fortificada a través de un proceso de recuperación.

Pero dado que hablamos de los efectos que podría tener la expansión del fenómeno en la economía nacional cabe mencionar un temor de tinte desarrollista: si acaso tal solidez no se ganaría al precio de perpetuar una tasa ociosa de capacidad instalada y resignar así un aumento de su potencial productivo. Esto sería algo así como decir que para crecer hay que arriesgar, que la seguridad no paga. Para desmentirlo volvamos a la realidad de nuestro caso. La solidez de esta metalúrgica no resultó en una limitación sino en un crecimiento con respecto a sus valores históricos. En efecto, MVH no solo trabaja al tope de su capacidad, incluso debió adquirir una prensa más y contrata a cinco talleres para dar abasto con sus pedidos. Esto representa una expansión mayor al 50 % con respecto a su tamaño como empresa capitalista. Su promedio histórico de producción era aproximadamente 2500 horas-hombre por mes, el promedio actual es aproximadamente 4000 horas-hombre por mes recordando que la productividad se mantuvo intacta.

Es importante saber que semejante logro a su vez no se dio a costa de la auto-explotación de los obreros. El crecimiento se vio acompañado por una progresión ascendente del nivel de retiros. En febrero de 2003 estos promediaban los $ 600, ya en octubre de ese año superaban los $ 1000, hoy en día la explicación de Adalberto Carrera, quien se sumó a la cooperativa a pesar de que en la vieja empresa ocupaba el jerárquico puesto de gerente comercial, revela lo conseguido. Él lo pone en términos cualitativos al decir que las ganancias actuales no representan para él ningún cambio con respecto a su viejo sueldo. Creo que podemos afirmar entonces que sus compañeros definitivamente están ganando más que los operarios normales del gremio.

Entonces, ante la contundencia de los datos presentados podemos decir también que las virtudes defensivas de la gestión recuperada no implican a priori una limitación al crecimiento de la empresa.

No hay duda de que el crecimiento expuesto se debió en gran medida a la reactivación general de la economía nacional. El modelo sustitutivo de importaciones que se impuso de hecho ante la devaluación del Peso Argentino se vio complementado con algunas medidas concretastomadaspor el gobierno que significaron un impulso para diversos sectores industriales. Un ejemplo que viene al caso es el del polémico “cupo blanco” que restringió la importación de determinado tipo de electrodomésticos desde Brasil. Esto implicó que un cliente importante de MVH, la transnacional MABE, fabricante de los productos General Electric y Patrick , trasladara gran parte de su producción de aquel país al nuestro. Su elaboración de heladeras en la Argentina pasó de 3000 a 15000 al año significando para la metalúrgica unaumento en la cantidad de chapa trabajada de 30 toneladas por mes a 100 de un momento a otro solo para ese cliente.

Ahora bien, esa reactivación del capitalismo argentino que hasta ahora benefició a las recuperadas repercutió también positivamente sobre las empresas ordinarias. ¿No implica ello un riesgo a futuro para este fenómeno? En cuanto a las posibilidades de surgimiento de nuevas cooperativas, la situación general repercutió en una disminución del número anual de concursos y quiebras. Luego de que estos registrasen un pico de 2696 durante el 2001, el 2002, tras la devaluación y el desaliento que implicó la inhibición de las ejecuciones a través de la ley 25.563, mostró una disminución a 1900 y siguió en baja en el año 2003 (Magnani, 2003. Pág. 37).A nivel de las cooperativas que ya se han afianzado, en una economía en alza las posibilidades renovadas de expansión de sus competidoras capitalistas podrían hacerles perder el lugar que habían ganado en el mercado. La única forma de contemplar la expansión continua del fenómeno en un contexto económico cada vez más dinámico sería a través del pase de una actitud defensiva a una ofensiva, es decir expandirse a expensas de las empresas capitalistas con las que compiten. ¿Puede hacer esto una fábrica recuperada?

III. La Competitividad

Lejos de ser un simple efecto colateral de la reactivación económica argentina el patrón de crecimiento de MVH revela su alta competitividad. En efecto, los logros expuestos en la sección anterior podrían ser resultado de una demanda insatisfecha ante la capacidad limitada de las otras empresas del rubro. En tanto sobras u oro derramado de las copas más altas, lo que hoy se percibe como un éxito presagiaría un futuro incierto. Para sacarnos la duda analizamos la dimensión real y las características de la bonanza actual de la planta.

El primer indicador que se considera de utilidad para medir la magnitud de la expansión de esta metalúrgica, es decir a qué altura se viene situando como copa, es el crecimiento general del sector de industrias metálicas básicas. Según las series históricas del Estimador Mensual Industrial del INDEC entre el año 1997 (último antes de la recesión) y el 2004 se registró una suba de aproximadamente 27 %. Teniendo en cuenta que hablamos de un crecimiento del orden del 50% en MVH podemos considerar que esta no se benefició pasivamente del contexto económico expansivo sino que pudo “exprimirlo” mucho mejor que la mayoría de sus competidores.

Luego se rastrea el origen de la facturación de la cooperativa. Allí encontramos que esta no solo se vio beneficiada con el aumento de compras por parte de sus clientes tradicionales sino que además consiguió nuevos. Entre ellos uno muy importante: la marca Lumenac de artículos de iluminación. Empresas tan grandes como esta, generan con sus compras efectos importantes en el mercado que las abastece y miden muy bien las ventajas que representa satisfacer su demanda en una u otra metalúrgica antes de hacer un movimiento. Lo que significó una ganancia importante para MVH implicó a su vez una perdida de iguales dimensiones para algún competidor. Asimismo, notamos un aumento repentino del 80% en el tamaño de los pedidos de uno de sus compradores históricos. Es el caso de Talsar (Señorial) que optó en abril de 2003, cuando cerró la otra fábrica de la que se abastecía, por satisfacer el total de su demanda a través del taller de Villa Martelli. Estos ejemplos nos interesan en tanto movimientos de facturación desde empresas capitalistas hacia una recuperada marcando una tendencia alentadora sobre el devenir de la planta.

Explicaremos a continuación en qué se basa la atracción ejercida por esta fábrica recuperada. Desde el MNFRT el Dr. Luis Caro lo pone en términos sencillos. El precio de un producto está determinado habitualmente por el costo de la materia prima, los insumos, los impuestos, el costo salarial y la ganancia empresarial. Como explicamos en la sección anterior de este documento, la recuperación de cualquier unidad económica elimina casi tres de esos cinco elementos: la ganancia empresarial, el costo salarial y algunos impuestos. Esto permite manejar el precio final de un producto con una mayor arbitrariedad. Normalmente se lo termina situando en un 10% por debajo de sus competidores. A cambio aumenta la cantidad de sus clientes. Una regla básica del comercio indica que precio y calidad es sinónimo de venta.

Ahora bien, la realidad de MVH se muestra algo más sofisticada poniendo algunos matices a semejante agresividad comercial, resultado en parte de la simplificación propia que implica todo modelo teórico. Adalberto Carrera, gerente comercial de la cooperativa, informa que el precio de sus productos se encuentra en un punto intermedio entre los más caros y los más baratos del mercado, y agrega que su mayor atractivo está dado principalmente por la eficiencia del trabajo. A lo que se refiere es a la capacidad que tienen para realizar un encargo a más velocidad que sus competidores sin alterar la calidad del producto. El tiempo también es ganancia para el cliente en dinero y tranquilidad. Además por el mismo costo promedio la fábrica presenta excelentes tiempos de respuesta a las variaciones en los pedidos de sus clientes, adaptando su producción a lo que estos requieren y no a la inversa.

Esta adaptabilidad instantánea se encuentra potencialmente en todas las fábricas recuperadas. En efecto, la libre circulación de información, propia de la organización asamblearia, combinada con el interés de cada trabajador en tanto socio en aumentar las ganancias de la cooperativa, facilitan cualquier cambio. El objetivo tan de moda de ponerle “la camiseta” de una empresa a cada uno de sus trabajadores es una realidad extrema asociada a los procesos de recuperación. Los resultados con ello asociados posibilitan la continuidad a futuro de la expansión de estas unidades económicas aún en este contexto reactivado.

Para ponerle coto a las generalizaciones sobre este punto, vale aclarar que a largo plazo el crecimiento por competitividad puede vislumbrarse limitado en aquellos sectores de la economía donde se encuentran instaladas corporaciones transnacionales. Seamos más explícitos. La globalización económica presenta empresas con sedes en muchos países. Muchas de ellas son tan fuertes que tienen la posibilidad de subvencionar perdidas en las sedes de un país con las ganancias generadas en otros. En caso de sentirse amenazadas por la cesión del mercado a manos de un competidor nacional en expansión, y caricaturizando el ejemplo, estas firmas contarían con la posibilidad estratégica de “regalar” mercancía haciendo que sus contrincantes desaparezcan.

Hasta llegar a ese punto la diseminación del fenómeno puede darse incluso en una economía activa. Por un lado las quiebras no son resultado exclusivo de los entornos recesivos. Aunque en menor número, estas se dan normalmente como parte del juego económico. Mientras algunas compañías crecen otras se funden. Con una legislación actualizada a las necesidades del país no habría trabas materiales para que se recuperen más fábricas de las que se vinieron recuperando hasta ahora. Por otro lado, la propia competitividad descrita podría ser un factor de expansión de las empresas recuperadas a costa de las capitalistas. Los “achicamientos” así provocados no deben ser temidos. No hay problema en la disminución de las ganancias de una firma en si misma; lo conflictivo es la perdida de puestos de trabajo y esta se evitaría con la recuperación de la misma en caso de quiebra, o simplemente se compensaría con la creación de nuevos puestos mediante el crecimiento del taller obrero que captó sus ventas. Tomemos como ejemplo el proyecto de expansión a cinco a años que tiene MVH. Con él ya no tendrá que contratar los talleres capitalistas que contratan hoy en día para tercerizar la producción que sobrepasa su capacidad instalada. Cuando eso ocurra asociarán al doble de trabajadores de los que son hoy.

Como síntesis a esta sección pronosticamos la posibilidad material -no nos ocupamos aquí de las trabas legislativas que puedan surgir- del fenómeno de continuar su diseminación aún en esta economía nacional activa.

Conclusión

Hemos analizado el caso de MVH, una cooperativa de trabajo que revalorizando organizativa y económicamente a sus integrantes logró recuperar y acrecentar la producción de una fábrica metalúrgica, convirtiéndola en una unidad económica sólida y competitiva. Sobre las hipótesis surgidas a partir de la homologación del caso con el resto de las fábricas recuperadas cabe recordar que lo planteado por la investigación es la evaluación de las posibilidades materiales, que son las que se suponen infranqueables, de viabilidad de estas novedosas experiencias. Luego pueden plantearse temores por el descarrilamiento de las actitudes humanas encargadas de realizar la potencialidad de dichos emprendimientos. Al respecto, muchos demuestran especial desconfianza por los procesos que se han revelado sumamente exitosos económicamente. El miedo está en que el sistema capte a los trabajadores de esas plantas y la ambición haga que estos reactiven una estructura monetariamente jerárquica hacia los nuevos “socios” que se incorporen a futuro, lo cual más allá de sus implicancias morales resulta a nivel práctico-económico en la perdida de las múltiples ventajas explicadas en este trabajo. Sin embargo, no es ese un destino cerrado. El Estado podría institucionalizar un fuerte apoyo a las fábricas recuperadas (expropiaciones, colocación de exportaciones, capacitación específica, incentivos tecnológicos, etc.) condicionado en cada una al mantenimiento de las pautas que las hacen de interés para el conjunto de la sociedad. Con el impulso del fenómeno se estaría generando redistribución de riqueza; esto repercutiría a su vez en una mayor actividad económica como consecuencia del aumento de los ingresos en sectores consumidores. Asimismo podemos deducir que, con determinadas leyes reguladoras, la diseminación de unidades económicas como las que aquí estudiamos multiplicaría en el tiempo los puestos de trabajo en el país en tanto la horizontalidad que las define impediría la absorción de los aumentos en su demanda a través de la explotación del sector obrero de la empresa, evitando lo que ocurre a menudo en las compañías ordinarias. Esperemos, para avanzar en tal sentido, que estudios como este den lugar a otros más concluyentes acerca de los efectos de las fábricas recuperadas sobre la economía argentina. Como paso inmediatamente posterior, incursionar en un estudio sobre el nivel de correlatividad entre absorción de mano de obra y facturación, comparando fábricas recuperadas ya asentadas y empresas de gestión capitalista parece un camino posible.

Bibliografía

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Korsch Karl, ¿Qué es la socialización? Un programa de socialismo práctico, Cuaderno Pasado y Presente, Buenos Aires., 1973.

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Mondino Eduardo, Junyent Bas Francisco y Caro Luis, Proyecto de Reforma de Ley de Concursos y Quiebras, en http://www.defensor.gov.ar/informes/fabricas.pdf

Leyes Nacionales

20.337 de Cooperativas y sus modificaciones. 24.522 de Concursos y Quiebras y sus modificaciones. 21.499 de Expropiaciones

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