ARG MINERALES INDUSTRIALES – «EL FÉNIX DEL VALLE»

En la debacle del 2001, esta minera fue una de las empresas afectadas. Ante el cierre inminente, los trabajadores tomaron cartas en el asunto, recuperaron la empresa y la abrieron en forma de cooperativa. Hoy venden 4 veces más que antes y aumentaron al doble los miembros de la empresa en Valle Fértil.

Unas 2.200 toneladas de mineral vendidas por mes. Casi 40 personas trabajando. 47.000 pesos mensuales en sueldos. Una inversión de 600.000 pesos en casi dos años. Estos números pertenecen a ARG Minerales Industriales Ltda., una cooperativa de Valle Fértil dedicada a la producción y venta de feldespato y cuarzo. Hasta ahí, nada llama la atención, pero semejantes buenas nuevas no siempre fueron tales. La historia de esta planta recuperada por sus empleados, tras un proceso de quiebra, se asemeja a la del Ave Fénix, el pájaro que en la mitología griega se abrasa en una hoguera y luego renace de sus cenizas.

Zafiro, el antiguo nombre de la empresa que hoy es cooperativa, pertenecía a un grupo de firmas que se dedicaba a la fabricación de sanitarios: el grupo Zanon. Al entrar en proceso de quiebra, los empleados comenzaron a luchar para ser cooperativa y no perder sus empleos. Lo consiguieron. Hoy son ARG Minerales Industriales Ltda.

Ahora, los empleados deben luchar diariamente por producir más y mejor para demostrar que no son la empresa que quebró hace cinco años, sino otros. Y esto deben hacerlo con sus clientes y proveedores.

“El secreto del éxito ha estado en que hemos recuperado la empresa, vendido nuestra producción y las ganancias han sido inmediatamente invertidas”, cuenta a CUYO MINERO Manuel Riofrío, presidente de ARG, al tiempo que agrega: “sabemos que podemos tener sueldos más altos, pero si invertimos ese dinero tendremos la seguridad de tener nuestro salario por más tiempo”. En materia de inversión, esta cooperativa tiene su gran sueño dorado, que es terminar de cerrar la planta de procesamiento para poder captar todo el polvo y venderlo a un precio mucho mayor del que obtienen por el producto que hacen. “Nos hemos puesto una meta de tiempo. De aquí a 2 años queremos terminar todo”, cuenta el presidente. Al parecer, van por buen camino, ya que tienen más del 65 por ciento de la obra concluida y los tubos que absorberán las partículas de cuarzo en el aire ya existen. El desafío puede redituar mucho. Según explica Riofrío, en este momento están pagando 300 pesos la tonelada de cuarzo, y por el polvo que se les está yendo, el mercado ofrece hasta el doble de esa cantidad.

Para este hombre, el logro más importante que consiguieron como cooperativa de trabajo es poder vender y tener clientes en gran parte del país. Es que hasta el proceso de quiebra, Zafiro tenía un solo cliente (Zanon). Para entender esto hay que conocer un poco más la historia de zafiro.

Una tormenta perfecta

Era 2001. Año de convulsiones políticas y grandes caídas económicas. De saqueos y empresas que cerraron sus puertas. Cantera Zafiro, en Valle Fértil, no quedó exenta a este efecto dominó y entró, junto a todo el grupo Zanon, que se dedicaba a la construcción de sanitarios, en proceso de quiebra.

Este grupo empresarial surgió a principios de 1996 y estaba conformado por tres empresas, una ubicada en Neuquén, otra en Buenos Aires y en San Juan: Cantera Zafiro.

Esta minera vallista trabajaba exclusivamente alimentando de feldespato a Zanon.

En 2001, el grupo entró en convocatoria y Zafiro fue intervenida por la Justicia. “La administración judicial que nos intervino nos dijo cómo iba a terminar todo: no íbamos a recuperar ningún bien y mucho menos, dinero. Aceptar la quiebra era bajar la cabeza ante la pérdida de nuestro trabajo, para muchos, la única fuente de ingresos”, recuerda Riofrío.

En ese momento, estos mineros no dejaron puertas sin golpear. “Todo eso lo vivimos muy solos. Me acerqué a la jueza de paz del departamento buscando respaldo, me dijo que no podía hacer nada y que sólo debía esperar”, dice Riofrío, y agrega: “la solución que encontramos para poder subsistir fue vender producto en negro. Como nadie podía hacer nada, nos atrevimos a hacerlo, aún pudiendo ir presos. Hubo que tomar una decisión, o nos quedábamos sin trabajo o hacíamos algo”.

Mientras trabajaban clandestinamente (algo común en la zona, donde las familias tienen sus pequeñas minas) se enteraron de una agrupación que estaba trabajando en el país desde hacía poco tiempo. “Nos enteramos del movimiento de empresas recuperadas dirigidas por el abogado Luis Caro, por nuestro contador, que nos comentó sobre el tema. Desde ahí comenzamos a interiorizarnos para ver qué tipo de salvavidas podíamos tener”, rememora el presidente de ARG Minerales. Ese fue el primer paso: saber qué era una empresa recuperada y qué, una cooperativa. Riofrío viajó a Buenos Aires a una reunión del movimiento. En ese momento, el capital de Zafiro era de 500 pesos, y para sacar los pasajes del viaje tuvo que pedir dinero prestado.

“Aprendimos sobre lo que es una cooperativa. Nos quedó muy claro que todos nosotros somos dueños, pero no somos todos jefes y eso ha sido muy importante para poder crecer”, dice Riofrío.

“En ese momento -explica el cooperativista-, la administración judicial que todavía intervenía Zafiro, dijo que tenía la capacidad para llevar adelante la empresa y empezaron a ver la forma legal de convertirla en una cooperativa para que pudiera facturar. Además, el juez me autorizó, a pesar de que había llamado a la convocatoria, a usar los mismos remitos y facturas a nombre de cantera Zafiro. Esa fue la mayor prueba de confianza que tuvimos por parte del letrado”.

Pero una irregularidad aceleró el proceso para que la empresa quedara a cargo de los empleados: según cuenta Riofrío, en la administración judicial se perdieron 35.000 pesos que pertenecían a Zafiro. “Nos presentamos ante el juez con esta situación y le explicamos que la intervención no nos dejaba crecer y no nos servía”, cuenta. Y agrega: “era fines de 2004 cuando la autoridad decidió dejar todo en manos de tres miembros de la cooperativa, entre los que me encontraba yo”.

Mientras, aprovecha para sentenciar: “ahí empezamos a despegar y a notar el crecimiento”. Hoy, casi dos años después, los números hablan por sí solos: un capital de 35 millones de pesos en maquinaria e infraestructura. Una inversión de 600.000 pesos que no para. Casi 40 miembros trabajando con sueldos promedio de 1.200 pesos. Clientes en buenos Aires, Santa Fe, Neuquén y Mendoza. Y sobre todo, han conseguido vender 2.200 toneladas de cuarzo y feldespato al mes, cuatro veces más de lo que salía en mayo de 2005. Por eso, en medio de las sierras vallistas, hoy todo es trabajo duro pero con muchas sonrisas.

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